domingo, 6 de abril de 2014

viernes, 28 de febrero de 2014

El barco cruza océano y noche.
Apenas el reflejo de la perilla
saltando de ola en ola.
Apenas roba su sombra 
estrellas al horizonte
Apenas la estela encendida
un instante y luego de nuevo sumida.

En 360º ni verde ni roja ni blanca.
Ni mancha en el radar
Ni llamada en la radio.

Apaga su luz, su radar y su radio.
Ahora no existe.
Y es hermoso no ser nada en esta burbuja
sentirse ola que rompe sola contra el aire,
cabrilleo que nadie ve:
Otro porquesí

Como el viento que lo empuja por la aleta

hacia su puerto.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Catálogo de poesía*


Sobre las rocas se abate el tornado
puede oírse acercarse la luz
en este desorden de amanecer.

Un monje desnudo mira a Sonia
en su indetenible quietud
frente a los elementos.
 
Desierto de la luz,
canciones que nacen muertas
para molestar a los demonios
 
La transparencia del aire
es un acontecimiento
misteriosamente feliz
bajo esta lluvia ajena
y este cielo amediohacer:

Ningún otro cielo es posible para la desolación
y el vuelo de los albatros
ninguna palabra más
que este catálogo
de frases hechas
para levantar palabras del suelo,
lejos de días ordinarios
para el común de los mortales.



*Los versos son títulos o están basados en títulos de obras poéticas

domingo, 15 de diciembre de 2013

NATURALEZA MUERTA


Que no, que no:
que no se puede recordar
la flora flora
del viejo parque
rebuscando cando
entre las hojas muertas
del viejo parque
los lirios amarillos,
los nardos blancos,
los condones usados,
entre la hojarasca muerta
del viejo parque
con su verja vieja,
con sus glorietas,
con sus calles,
donde las hojas esconden
al viejo parque,
con sus glorietas,
con sus calles,
ysólo la vieja verja,
carcomida y mohosa,
chirriante,
levanta su sombra
sobre el viejo parque

Escribir como quien sale a la calle a buscar belleza, sin saber si la va a encontrar pero con la mirada puesta en ella.
 
Separarme de la chimenea, salir a la puerta de la casa y en lugar de calle y coches, la puerta dé al campo de noche, cuando la humedad y el vaho se confunden y, a estas alturas del año, sólo el arroyo suena: no el viento, no los pájaros nocturnos. Ni siquiera las cabras nómadas cargadas de esquilas sosegadas.
 
El frío hace en la cara lo que aquel tío de la infancia que pellizcaba los cachetes antes de darnos la moneda de veinte duros.
 
El frío son los veinte duros de plata en la mano.
 
Escribo sobre la tierra mis pasos y descubro a la luz de la luna la escarcha sobre los narcisos: nada puede ser más blanco.
 
Aspiro un perfume helado que imagino más que siento. Mis pasos se detienen como quien suelta la pluma para mirar al techo: ¿qué puede ser más blanco que un Narciso a la luz de la luna? ¿La nieve? ¿La escarcha que lo cubre? ¿Qué puede haber más blanco que cerrar los ojos e imaginar y recordar a la vez ese blanco?

Qué cálidos son los bolsillos. Las manos aún conservan vivo el calor. Huelen a leña.
 
La vereda es un renglón no muy atinado que se oscurece a la sombra de los chopos. Chorrea la hierba sin que se le caiga una sola gota. Transfiere a la bota que la toca un agua espesa que aún no se ha helado ni lo hará ya.

La sombra misma chorrea sin gotear y la tierra y la carne se embeben de la misma sustancia. Nado más que ando. Camino como un buzo sin escafandra por el fondo del mar respirando una mezcla de agua y aire. Mis pasos escriben y olvidan. La vereda es siempre papel en blanco.